Bogotá, agosto 15 de 2026. Las señales aparecen primero en el océano. No en las calles, ni en los embalses, ni en los reportes de incendios forestales. Se representaron como manchas rojas extendiéndose sobre el Pacífico ecuatorial en mapas con datos alimentados por satélites y modelos climáticos internacionales. Después llegó la confirmación del IDEAM: las señales detectadas en el Pacífico terminaron por consolidarse y hoy las condiciones tipo El Niño ya están presentes. Las predicciones climáticas estiman una probabilidad superior al 95% de que el fenómeno continúe fortaleciéndose durante el segundo semestre de 2026 y se prolongue hasta el primer trimestre de 2027.
Las proyecciones construidas a partir de modelos oceánicos y atmosféricos de monitoreo climático internacional apuntan a un fenómeno de intensidad fuerte, con posibles efectos hasta comienzos de 2027 sobre lluvias, embalses, agricultura e incendios forestales.
Lo que los satélites vieron antes de la llegada de El Niño
Buena parte del monitoreo climático mundial depende hoy de sistemas geoespaciales capaces de integrar información oceánica, atmosférica y territorial en tiempo real. Los datos son capturados por organismos internacionales como NOAA, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, mediante satélites, boyas y sensores distribuidos en el océano Pacífico. Luego pasan por plataformas que convierten millones de registros científicos en capas visuales que pueden analizar gobiernos, institutos meteorológicos y organismos de gestión del riesgo


