Bogotá, 30 de septiembre del 2026. La agroindustria de la palma de aceite colombiana atraviesa una etapa de crecimiento que plantea un nuevo desafío: aumentar la productividad y al mismo tiempo, responder a condiciones climáticas cada vez más exigentes. En 2025, el país alcanzó una producción histórica de 1,93 millones de toneladas de aceite de palma, mientras que entre enero y agosto de 2026 las exportaciones llegaron a 509.000 toneladas, un crecimiento de 21,8 % frente al mismo periodo del año anterior, según cifras de Fedepalma.
A este escenario se suma la evolución de El Niño. De acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), las condiciones del fenómeno continúan fortaleciéndose y existe una probabilidad superior al 90 % de que alcance una intensidad “muy fuerte” durante el último trimestre de 2026 y el primero de 2027. Para una actividad agrícola como la palma, esto pone sobre la mesa la necesidad de anticiparse a las condiciones del clima y tomar decisiones cada vez más precisas en el manejo del cultivo.
Precisamente, Cenipalma destaca la importancia de planificar la fertilización de acuerdo con las condiciones de cada lote y de utilizar adecuadamente los equipos y recursos destinados a esta labor. En este contexto, las herramientas de agricultura de precisión permiten avanzar hacia aplicaciones más ajustadas a las necesidades del cultivo.
“La sostenibilidad de la palma se construye desde decisiones muy concretas en el cultivo: cuánto fertilizante aplicar, en qué momento, dónde hacerlo y cómo responder a las condiciones reales de cada lote. Pero también implica mirar hacia atrás en la cadena y cómo se producen esos insumos. Por eso, en Yara contamos con tecnología que permite reducir hasta un 90 % las emisiones de óxido nitroso asociadas a la producción de ácido nítrico y desarrollar fertilizantes con una huella de carbono hasta 60 % menor, llevando la innovación desde su origen hasta el campo”, señaló Didier Casallas, Gerente Comercial de Yara Colombia.
En la cadena palmera colombiana, esta tecnología ya tiene una dimensión cuantificable. En lo corrido de 2026, el uso de 52.187 toneladas de fertilizantes con reducciones verificables de huella de carbono ha permitido evitar, según cálculos de Yara, la emisión estimada de 27.622 toneladas de CO₂e frente al uso de fertilizantes convencionales.
El desafío, sin embargo, no termina en mejorar la productividad del cultivo. También implica avanzar en estándares de sostenibilidad a lo largo de toda la cadena de valor. En este frente, la participación de diferentes actores, desde productores y transformadores hasta proveedores de tecnología y nutrición, resulta clave para acelerar cambios que respondan a las nuevas exigencias ambientales y de mercado.
“La palmicultura colombiana es un referente internacional por su capacidad productiva y sus avances en sostenibilidad. Frente a retos como el cambio climático, avanzar implica mejorar la productividad y eficiencia de la cadena. En este camino, alianzas como la de RSPO y Yara son fundamentales para promover una nutrición más precisa, fortalecer la salud del suelo y hacer un uso más eficiente de los insumos. Así, podemos avanzar hacia una palmicultura más productiva, eficiente y con menor huella de carbono, sin ampliar la frontera agrícola,” Camilo Santos Arévalo Director Adjunto de Transformación de Mercados para América Latina, RSPO.
Después de alcanzar niveles récord de producción y fortalecer su presencia internacional, la palma colombiana enfrenta una nueva etapa en la que productividad, sostenibilidad, tecnología y capacidad de anticiparse al clima estarán cada vez más conectadas.


