Expertos de la U. Nacional extraen azúcar industrial de la hoja del maíz

Corn on the cob kernels peeled isolated on white background

Este producto, que se usa para envolver los tamales en México o hacer envueltos y artesanías en Colombia, tiene un componente que permitiría nuevos usos: azúcares, concretamente la xilosa, un líquido amarillento que serviría como insumo en la producción de combustible vegetal, o etanol.

Alrededor del 70 % de los desechos del maíz corresponden a celulosa o hemicelulosa, un componente de las paredes celulares de plantas como algodón, cáñamo o cereales; además es una materia prima ampliamente utilizada en la industria papelera, farmacéutica, alimentaria y de biocombustibles.

Para aprovechar este potencial, Dayanna Vanessa Gilon Salazar, magíster en Ingeniería Química, y el profesor Javier Fontalvo, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, diseñaron y probaron un nuevo modelo para extraer la xilosa de la hoja de mazorca.

“La idea es hacerlo a través de hidrólisis ácida, un proceso que consiste en romper los enlaces moleculares del material lignocelulósico, específicamente de la lignina, y transformarla en una sustancia del producto, en este caso el azúcar”, explican.

Su modelo consiste en introducir la materia prima seca y pulverizada en un reactor percolador, que es un tubo de acero inoxidable de 50 cm de largo y 3 cm de diámetro. En cada costado se pone una longitud de fibra de vidrio para evitar filtración de las partículas sólidas, y mediante una bomba tipo HPLC se inyecta una solución de ácido sulfúrico con concentraciones entre 0,6 y 1,5 % de peso por volumen (p/v). A medida que se inyecta la solución, la hemicelulosa del material se transforma en xilosa y otros azúcares y se retira inmediatamente a la salida del reactor.

Este es un proceso de transformación rápido, pues si el material se somete mucho tiempo al contacto con el ácido, la xilosa se puede degradar a un subproducto llamado furfural, líquido incoloro utilizado para aceites y lubricantes.

Aunque para producir bioetanol se requieren concentraciones de 180 g/L de azúcar, industrialmente se obtiene entre 30 y 50 g/L; el modelo propuesto extrae hasta 90 g/L, lo que mejoraría los costos de producción y además se sacaría provecho a gran parte del material residual vegetal.

Los investigadores señalan que “las bajas concentraciones de los materiales lignocelulósicos industriales se deben a que los tiempos de operación en los reactores convencionales son altos, por las bajas velocidades de transferencia de masa; si el material está en contacto con el ácido todo el tiempo, se alarga el proceso y se produce el furfural”.

El modelo inicial está compuesto por cuatro pasos: obtención de modelo matemático, ajuste secuencial de parámetros, análisis del comportamiento del reactor percolador, y optimización de las condiciones experimentales.

Por último, “la cáscara que queda en el reactor se puede utilizar para una segunda extracción de la celulosa, o se desechar sin problemas, pues por ser un producto vegetal no genera contaminación al medioambiente y se puede degradar fácilmente”, destacan los creadores de este prototipo.

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