Alza del mínimo de 2026 debería ser de 6,5%, pero Petro quiere aumentar el 11%

Por Édmer Tova Martínez, director de Economía en Serio.

«Tengo la oportunidad de hacer otro aumento del salario mínimo durante mi Gobierno: el que regirá en 2026. Voy a aprovechar». Así lo anticipó hace unos días el presidente Gustavo Petro, en una de las recientes alocuciones presidenciales, al señalar que en su administración ha habido una considerable mejora del ingreso de los colombianos que devengan el salario mínimo. Es más, algunos medios aseguran que Petro dijo recientemente que su Gobierno subiría 11% el ingreso mínimo para alrededor de cuatro millones de colombianos.

Este panorama le agrega incertidumbre a la economía, pues mientras el banco de la República dice que no baja su tasa de referencia porque la inflación sigue siendo alta, el Gobierno sostiene que si las tasas no ceden terreno, tendrá que subir el salario mínimo varios puntos por encima de la inflación para que a los hogares les alcance la plata para cubrir sus necesidades mínimas de consumo.

En efecto, las cifras de los últimos tres años indican que el salario mínimo ha aumentado varios puntos por encima de la inflación causada, más la productividad, es decir, que desde 2022 se rompió esta fórmula aplicada por los gobiernos de turno, y que han defendido los empresarios y los analistas económicos.

Por ejemplo, en 2022 la inflación terminó en 13,12% y el aumento del salario mínimo que rigió en 2023 fue de 16%. Así mismo, en 2023, el Índice Precios al Consumidor (IPC) cerró en 9,28% y el incremento del salario mínimo del 2024 fue de 12%. Igualmente, la inflación del 2024 fue de 5,20% y el Gobierno decretó un incremento salarial de 9,53% para 2025.

Es más, el panorama del 2025 y 2026 parece que se comportará de la misma manera. Mientras la inflación de 2025 podría terminar en alrededor del 4,5%, el incremento del salario mínimo rondaría el 7%, porque así lo ha manifestado el presidente Gustavo Petro, quien sin hacer referencia a una cifra, ya advirtió que «aprovechará» el aumento del 2026 para seguir en la senda de mejorar la capacidad adquisitiva de quienes devengan el salario mínimo en Colombia, es decir unos cuatro millones de personas.

No hay duda de que estos aumentos de salario tienen un impacto positivo en la capacidad de compra de quienes se benefician de ellos, pues está claro que si alguien tiene un mayor ingreso y una menor inflación, el dinero le alcanza para comprar más cosas.

Esta realidad ha acompañado al Gobierno actual, que a su vez se ha visto respaldado por la reducción del desempleo, indicador que este año regresó a un dígito, y que en julio pasado se ubicó en 8,8%, una de las cifras más bajas de la última década. Tal comportamiento ha dejado sin argumentos, por lo menos temporalmente, a quienes afirman que cuando el salario aumenta por encima de la inflación, más la productividad, esto afecta el empleo, pues se dice que las empresas se abstienen de contratar personal porque la nómina les sale muy costosa. La realidad en los últimos tres años el salario ha subido varios puntos encima del IPC, y el desempleo, a cambio de aumentar, ha disminuido.

No todo es color de rosa

Como están las cosas, cualquiera podría decir que la fiesta esta buena, pero el problema va a ser la ‘resaca’. En medio de este panorama aparentemente positivo, las cosas no van bien en lo que respecta al crecimiento del PIB, al comportamiento de la inflación y las tasas de interés.

En buena medida, estos indicadores, aunque no se puede negar que han mejorado, sí se han afectado por el elevado incremento del salario mínimo de los últimos tres años, porque cuando los hogares tienen más dinero para comprar productos, la inflación sube, o baja menor ritmo de lo que lo podría hacer. Esto ha impedido que el Banco de la República baje más sus tasas y, por esa vía, el crecimiento de la economía se hace más lento.

Lo anterior evidencia la contradicción del Gobierno, en el sentido de que mientras, por un lado pide bajar las tasas de interés para dinamizar la economía, por el otro atiza la inflación por la vía del aumento del salario mínimo, y eso frena cualquier posibilidad de que las tasas de interés bajen, con lo cual el ciclo económico cae en un círculo vicioso que perjudica la dinámica del crecimiento.

Esta situación también ha sido alimentada por el gasto del Gobierno, el incremento de los contratos de prestación de servicios en entidades públicas, el déficit fiscal que encarece el endeudamiento, y el ingreso de remesas que envían al país los colombianos que residen en el exterior, entre otros factores.

En conclusión, la economía no crece más porque las tasas de interés están altas, y las tasas están altas porque la inflación no disminuye, pero la inflación no disminuye porque el Gobierno y la gente han aumentado su gasto. Todo indica que lo difícil está por venir. Por ahora, la fiesta pasa la prueba, pero el problema está en el ‘guayabo’ que nos espera.

¡Ahí les dejo la inquietud!