Bogotá, agosto 26 de 2026. El sistema financiero de Latinoamérica entró en una nueva etapa donde ya no solo trata de procesar pagos de forma más rápida y eficiente, sino de adoptar herramientas que permitan integrarse a un modelo de banca adaptativa. Este enfoque no solo busca comprender mejor el comportamiento de los usuarios, sino también responder a sus necesidades financieras en tiempo real.
La banca adaptativa implica una transformación estructural. Las organizaciones están dejando atrás esquemas fragmentados en donde pagos, riesgos, crédito y experiencia del cliente operan de forma aislada, para evolucionar hacia arquitecturas tecnológicas integradas, basadas en la nube y APIs. El resultado son sistemas que procesan información e interpretan el comportamiento de las personas, reaccionando de manera inmediata.
Este tema se ha vuelto tan fundamental que de acuerdo con el SoFi Tech Solutions Adaptive Banking Report, un estudio que analizó la madurez tecnológica y operativa a partir de una encuesta a 337 CTO y CIO en Brasil, Argentina, Colombia y México, más del 80 % de las organizaciones en la región reconoce que adaptar sus servicios financieros a este modelo será determinante para incrementar sus ingresos.
“Mientras en un esquema tradicional la aprobación de un crédito puede tomar días, en un entorno adaptativo el análisis ocurre en segundos. Las tecnologías en este caso son capaces de evaluar variables como el historial financiero, los hábitos de consumo o el contexto de la transacción y definen al momento si se aprueba una operación, con qué monto, bajo qué condiciones y con qué nivel de riesgo”, afirma Santiago Etchegoyen, CTO de uFlow, compañía de tecnología aplicada a la automatización del crédito.
El informe citado señala que el 80,2 % de las organizaciones financieras en Colombia tarda más de seis meses en lanzar un nuevo producto al mercado, mientras que el 76,5 % requiere más de tres meses para implementar mejoras solicitadas por sus usuarios. Adicionalmente, cerca del 70 % de los ejecutivos reconoce que las limitaciones de sus sistemas legados frenan la innovación.
El problema en Latinoamérica obedece a que múltiples entidades aún operan con infraestructuras heredadas que limitan su capacidad de respuesta. La banca adaptativa surge, entonces, como una solución a la brecha entre las expectativas de las personas y la capacidad de ejecución del sistema.
En Colombia, por ejemplo, la inclusión financiera ha alcanzado niveles cercanos a la universalidad en términos de acceso básico, con un 96,3 % de los adultos en posesión de al menos un producto financiero, según el último Reporte de Inclusión Financiera de la Superintendencia Financiera. Sin embargo, esta cobertura no se traduce en acceso efectivo al crédito, pues tan solo el 35,5 % de la población adulta cuenta con financiamiento, lo que equivale a cerca de 13,8 millones de personas.
Además, la colocación crediticia se concentra en productos de corto plazo, como tarjetas de crédito (23,3 %) y consumo (19 %), mientras que el financiamiento de impacto estructural, como la cartera de vivienda, apenas alcanza el 3,1 % de la población adulta.
“Hoy el reto es procesar más transacciones tomando mejores decisiones más rápido y de manera automatizada. Eso solo se logra cuando los datos, la gestión de riesgo y la experiencia del cliente están integrados en una misma capa tecnológica”, concluye Etchegoyen.
Es en este punto donde los motores de decisión asumen un papel protagónico al procesar volúmenes masivos de datos en tiempo real y automatizar la evaluación de riesgo. Su operación bajo esquemas no-code permite a los equipos autogestionar la implementación, ajuste y evolución de sus políticas sin depender de largos ciclos de desarrollo.
De esta forma, se facilita la personalización de ofertas y la activación de productos en segundos a partir de análisis transaccionales, comportamentales y contextuales del usuario. En ese sentido, se reduce drásticamente el time-to-market, pasando de procesos de despliegue que tomaban entre tres y seis meses a ciclos de pocos días.
De cara a los próximos meses, el desafío central de la banca colombiana radica en modernizar su infraestructura tecnológica para automatizar la gestión de riesgo y acelerar el time-to-market, con el objetivo de estar a la altura de los gigantes regionales que lideran el futuro de la banca adaptativa.


