Por Claudia Escobar
Al lado de las políticas del gobierno de Gustavo Petro que han capturado el protagonismo en el debate público, como las relativas a la paz, a la política tributaria y fiscal, al incremento en el salario mínimo o a los estados de excepción (mencionar Colfuturo/Colciencias?), se encuentran otras de menor alcance y de más bajo perfil. Pero unas y otras responden al mismo talante, y en un caso y en el otro el denominador común ha sido el tinte populista, la superficialidad y la carencia de rigor y solidez, y las inconsistencias internas. Esto es precisamente lo que devela el examen de las políticas que ha venido empleando el ICETEX en la administración de los programas para el otorgamiento de becas para estudios en el exterior. El costo de estas falencias no es menor, pues incide directamente en el acceso de los colombianos a la educación superior.
Para los programas de pregrado, por ejemplo, la evaluación se efectúa con una calificación de hasta 100 puntos, de los cuales 25 corresponden a los resultados de las Pruebas Saber, 25 al promedio académico en el bachillerato, 25 al factor socio-económico y 25 al dominio del idioma extranjero. Adicionalmente, se contempla la posibilidad de obtener 10 puntos adicionales por residir en municipios con categoría 5 y 6, o por pertenecer a “comunidades étnicas”, esto es, a pueblos indígenas, comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, o alpueblo rom. En caso de empate, se prioriza la selección de mujeres y de quienes acrediten tener un mejor dominio del idioma.
El ICETEX subestima la importancia de la idoneidad intelectual, y en cambio sobre estima la relevancia de la vulnerabilidad socio económica. El resultado en las Pruebas Saber tiene el mismo valor que el denominado “factor socio económico”. Además, la residencia en un municipio de baja densidad y con bajos ingresos fiscales, o la pertenencia a una minoría étnica, confiere un puntaje adicional equivalente al 40% del valor de dicho examen. Así como está es confuso
Sin embargo, los gobiernos y las organizaciones extranjeras que entregan los recursos para el otorgamiento de las becas confían al ICETEX, no la misión de reclutar a los colombianos más vulnerables ni a los más diversos desde el punto de vista étnico, sino a los más aptos para cursar estos programas académicos.
Bajo las nuevas políticas gubernamentales, este cometido no se satisface. En lugar de promover activamente un modelo que asegure la calidad de la educación, el gobierno asume que los estudiantes de pequeños municipios y los que pertenecen a minorías étnicas o a los estratos socios económicos más bajos, están condenados a tener un bajo desempeño académico, y, a modo de contrición, compensa el vacío anterior otorgando incentivos para inducir de manera artificiosa el otorgamiento de becas a quienes estima más vulnerables. Unjoven bogotano que reside en un barrio estrato 6 y obtiene 350 puntos en las Pruebas Saber,tendrá 30 puntos por la sumatoria de estos dos componentes, mientras que el estudiante en el municipio de Cogua que obtuvo 301 en esta misma prueba, obtendrá 51.
Más allá del debate sobre las medidas afirmativas en favor de grupos vulnerables o de minorías étnicas, lo cierto es que los criterios estructurados por el ICETEX ni siquiera son consistentes con el propósito de favorecer o privilegiar a tales grupos. Por ejemplo, los residentes en el extranjero obtienen 0 puntos por el factor socio económico, incluso si en el país de origen habitan en los barrios más pobres, y obtienen ingresos exiguos lavando platos o trapeando pisos.
Existen evidencias abrumadoras sobre las deficiencias de la estratificación o de la categoría de los municipios como mecanismo para determinar la situación socio-económica de las personas. Bajo los criterios del ICETEX, unaestudiante residente en el municipio de La Calera que reside en una zona calificada como estrato 1 o 2, podría obtener hasta 51 puntos por el factor socio-económico, incluso si cuenta con cuantiosos recursos económicos, y si estudia en un colegio privado de alto costo en la ciudad de Bogotá. Además, en caso de empate, tendrá prelación por su condición de mujer. De modo que los criterios establecidos por la entidad ni siquiera son funcionales al objetivo de priorizar a las personas con mayor vulnerabilidad socio económica.
El modo tampoco permite establecer razonablemente la idoneidad intelectual. La entidad otorga hasta 25 puntos por los resultados en las Pruebas Saber, y hasta otros 25 por el promedio de notas en el bachillerato. Aquellas tienen la ventaja de que miden a todos los estudiantes de país bajo un mismo racero; no obstante, la entidad otorga el puntaje máximo por un resultado notoriamente bajo: 300 puntos (creo que es bueno mencionar cuánto es el rango de puntaje bueno a superior, no es fácil saber por qué 300 es bajito). Por lo anterior, dos estudiantes con rendimientos sustancialmente distintos obtienen la misma calificación. Por su parte, la valoración del promedio en el bachillerato no parece una pauta razonable, teniendo en cuenta las profundas asimetrías en las exigencias de las instituciones educativas. Para los colegios más exigentes, la obtención de un promedio de 4.0 es un objetivo de difícil consecución, mientras que en otras instituciones educativas el promedio suele estar por encima de 4.5. De modo que, bajo las políticas de la entidad, el mérito académico no solo no es el factor predominante, sino que,además, el esquema previsto para su valoración es manifiestamente inadecuado.
Muchos gobiernos y organizaciones extranjerasdepositan su confianza en el ICETEX, para que esta encuentre e identifique a los mejores estudiantes para la entrega de las becas. Y lo hacen porque se trata de una entidad del Estado colombiano del orden nacional, en principio de carácter técnico y alejadas de las dinámicas políticas y electorales. Bajo el esquema y el modelo que se ha venido implementando bajo el actual gobierno, esta misión no ha sido cumplida satisfactoriamente.
Así las cosas, el gobierno del presidente Gustavo Petro no sólo se encuentra en deuda con estas organizaciones que depositaron su confianza en la agencia colombiana que administra las becas extranjeras. También lo está con los miles de estudiantes que, de buena fe, participaron con la expectativa de participar en un proceso transparente y objetivo y razonable.


