El alza del 23,7% en el salario mínimo del 2025 en Colombia, empezó a pasarles factura a los consumidores. Ahora no solamente tienen que comprar productos y servicios más caros, sino que deberán pagar tasas de interés más altas por el uso de tarjetas de crédito y de las demás modalidades de endeudamiento, tales como hipotecario y compra de bienes durables.
Basada en información confiable suministrada por el equipo técnico del Banco la República, los codirectores decidieron incrementar la tasa de referencia del 9,25% al 10,25%, lo que constituye un retroceso y un punto de quiebre en el costos de crédito para los colombianos.
La tasa de interés permaneció estable en 9,25% desde abril de 2025, hasta este viernes 30 de enero de 2026, debido a que la inflación se estabilizó por encima del 5%, y solo en un par de meses del ano pasado rompió ese piso. Aún así, en los últimos 12 meses, a 31 de diciembre, el IPC anual cerró en 5,1%, resultado muy superior a la meta objetivo del Emisor, que se encuentra en un rango de entre 2% y 4%, para una media de 3%.,
La decisión del Emisor no cayó nada bien en el Gobierno, ya que el presidente Gustavo Petro ha venido pidiendo una reducción de la tasa de referencia fijada por esa entidad, con el fin de darle un impulso al crecimiento económico, que para el 2025, se estima en una cifra cercana al 3%.
Las junta del Banrepública había anticipado un posible reajuste de su tasa de interés, en respuesta a las señales de incremento de la inflación que se pueda registrar en enero del 2026, como resultado del incremento salarial. El dato oficial lo revelará el Dane a finales de la primera semana de febrero.
Cabe recordar que el presidente Petro ha insistido en que el aumento de 23,7% en el salario mínimo no afectará los precios de la canasta familiar, e incluso está pidiendo que algunos servicios que se reajustan con base en el incremento salarial, se realicen ahora teniendo como referencia el IPC causado el año anterior.
De la misma manera, el Gobierno ha dicho que no hay razón para que los precios de los alimentos suban, lo que ha ocasionado malestar entre los campesinos, que son quienes producen la mayoría de los alimentos, porque ahora deben pagar jornales más caros y el Gobierno les pide que vendan sus cosechas más barato.
La decisión del Emisor, es una señal de que inflación de enero estuvo por encima de lo esperado, y empieza a formar una tendencia creciente que podría prolongarse por los primeros seis meses del año, mientras el mercado absorbe el efecto del aumento del salario mínimo.
En conclusión, el reajuste salarial de la magnitud decretada por el Gobierno ha comenzado a evidenciar un efecto negativo para la economía, que podría revertir la tendencia decreciente del desempleo, que tiene muy satisfecho al Ejecutivo.
Lo que está claro por ahora, es que vienen meses más difíciles para el bolsillo de los colombianos, especialmente los de menores ingresos, a pesar de que el Gobierno se dio la pela de garantizarles un ingreso mensual que ya llegó al segundo millón.


