Expertos piden a gobiernos facilitar reglas para emprendimientos en A. Latina

Bogotá D.C., septiembre de 2026. Poder trabajar, emprender, vender un producto o hacer crecer un negocio debería ser una posibilidad real. Sin embargo, en América Latina esas oportunidades también dependen de qué tan fácil resulta cumplir las reglas, acceder a un mercado o encontrar una institución que responda a tiempo.

Esta es una de las conclusiones de “LATAM Sin Barreras: Foro regional sobre libertades económicas”, promovido por el Centro Internacional para la Empresa Privada (CIPE), la Cámara de Comercio de Bogotá y el Comité Colombiano de la Cámara de Comercio Internacional, que reunió estudios de los principales centros de pensamiento de Argentina (CIPPEC), Bolivia (Fundación Milenio), Colombia (CMER), El Salvador (FUSADES) y Guatemala (CIEN).

Aunque las realidades son diferentes, los cinco países comparten una preocupación: la distancia entre las libertades reconocidas en las normas y la posibilidad de ejercerlas realmente.

En Colombia, Bogotá registra 1.428.000 trabajadores informales, equivalentes al 33,3 % de los 4.283.000 ocupados, según el DANE para abril-junio de 2026. El desafío es cómo lograr que quienes trabajan por cuenta propia encuentren caminos para mejorar sus ingresos, acceder a mercados y avanzar hacia actividades más productivas y formales.

En Argentina, el estudio identificó 150 tributos, 82 de ellos municipales. El reto no está solo en la cantidad, sino en cómo las cargas y requisitos pueden afectar a los pequeños negocios, que cuentan con menos recursos para asumir trámites y costos administrativos.

En Bolivia, la investigación encontró una relación entre informalidad, baja productividad y dificultades para que las pequeñas empresas crezcan. Esto plantea una mirada distinta sobre la formalización: no debería ser únicamente cumplir obligaciones, sino también abrir la puerta a financiamiento, nuevos clientes, inversión y crecimiento.

En El Salvador, aunque el comercio de bienes y servicios pasó de representar 49,6 % del PIB en 1990 a 88,2 % en 2025, solo 6,2 % de las empresas formales exportó bienes en 2022. En Guatemala, una licencia sanitaria cuyo plazo oficial era de 15 a 20 días hábiles podía tardar entre cinco y ocho meses.

Son problemas distintos, pero tienen algo en común: cuando las reglas son difíciles de entender, costosas de cumplir o tardan demasiado en aplicarse, pueden terminar cerrando oportunidades.

Libertad económica: más que tener reglas

Hablar de libertades económicas no significa eliminar las normas. Las reglas son necesarias para proteger a los consumidores, ordenar los mercados y establecer condiciones para competir. El desafío está en que sean claras, proporcionales, previsibles y aplicables, y que las instituciones puedan hacerlas cumplir de manera consistente.

Para un pequeño negocio, una demora de varios meses puede significar perder un cliente. Para quien quiere formalizarse, un trámite complejo puede convertirse en una razón para desistir. Y para una empresa que busca exportar, requisitos difíciles pueden dejar un mercado fuera de su alcance.

Por eso, las libertades económicas se juegan en lugares concretos: una alcaldía, una entidad sanitaria, una aduana, un puerto o una ventanilla empresarial. Es allí donde una regla puede facilitar una actividad o convertirse en una barrera.

Los estudios presentados durante LATAM Sin Barrerasplantean que reducir estas brechas requiere fortalecer las instituciones y mirar más allá de lo que dice la ley. Entre los retos están simplificar trámites, evitar requisitos repetidos, hacer visibles los costos y tiempos de cada proceso, evaluar el impacto de las normas y mejorar la coordinación entre entidades nacionales y territoriales.

También se plantea medir qué tan fácil es ejercer en la práctica derechos como trabajar, emprender, invertir, producir o comerciar. No basta con que una libertad esté escrita en una norma si las condiciones para ejercerla siguen siendo difíciles para buena parte de la población.

La discusión cobra relevancia para una región que necesita aumentar su productividad, atraer inversión, generar empleo y ampliar sus mercados. Los cinco estudios muestran que no existe una única barrera para América Latina, pero sí un desafío compartido: cerrar la distancia entre las reglas y las oportunidades.

En últimas, hablar de libertades económicas es hablar de algo cercano a la vida diaria: que una persona pueda trabajar y mejorar sus ingresos; que un emprendedor pueda sacar adelante su negocio; que una empresa pueda crecer y contratar; y que un productor tenga la posibilidad de llegar a nuevos mercados.

Para los organizadores del foro, avanzar en esta agenda implica construir instituciones y reglas que no solo reconozcan esas posibilidades, sino que permitan ejercerlas de manera efectiva. Mayores informes: www.cipe.org