Inicia el cambio extremo en la Presidencia de Colombia

Bogotá, 7 de agosto de 2026. ¡Bienvenido! Abelardo de la Espriella, ¡chao! Gustavo Petro. Desde hoy 7 de agosto y por los próximos cuatro años, Colombia cambia de pinta presidencial. Y no es un cambio cualquiera, sino un cambio extremo, pues el poder pasa de la izquierda a la derecha.

Por primera vez en la historia reciente del país, la transición se da sin empalme, el Presidente saliente no asiste a la posesión del entrante, el partido que gobernó durante cuatro se declara en desobediencia civil y convoca a su gente a las calles, a desafiar la anunciada mano dura del nuevo mandatario.

La tensión es total. Petro asegura que su sucesor no durará mucho en el cargo, y Cepeda, el perdedor de las elecciones, dice que se van a preparar desde ya para ganar las elecciones de 2027, reafirmando la intención de su jefe político, en el sentido de que De la Espriella saldrá del Gobierno pronto, y habrá que convocar a nuevas elecciones.

Pese a este convulsionado panorama político, Colombia sigue su marcha. La mayoría de los colombianos prefiere seguir en lo suyo, mientras pasa este ‘terremoto de polarización’. Sin embargo, a juzgar por la distancia entre los dos bandos, el cismo político actual puede llegar a tener una intensidad similar o mayor a la registrada entre abril y mayo de 2021, durante el denominado ‘estallido social’.

El asunto no es de poca monta. La izquierda habla de ‘incendiar’ el país, y la derecha anuncia que ‘estripará’ a la izquierda. Ojalá que esto solo sean calenturas de la política.

Después de tantos años de violencia, los colombianos merecemos vivir en una paz real, donde las diferencias ideológicas se definan en los cubículos dispuestos cada dos años por la Registraduría para elegir presidentes, congresistas, gobernadores, alcaldes, diputados y concejales, y no a punta de lápidas en los cementerios.

Estamos pasados de tiempo para bajarle ‘todos los cambios’ a la violencia.